El cuarto poder en el séptimo arte

Spotlight, Todos los hombres del presidente, Network, Nightcrawler. Acomódense, así es el periodismo visto desde una butaca.

No sé cuántos guionistas y directores, con más o menos acierto, han hecho de las suyas para exhibir el periodismo al desnudo. Pero una cosa tengo clara, los films de este palo que más me han impactado no son complacientes con la moral simplificada que acompaña a todo desnudo y que tanto gusta en Hollywood. A muchos no les basta el obsceno romanticismo de la mirada. Quienes no se conforman con el espejo del alma lo hacen añicos arrojándose a la búsqueda de la verdad, sin miedo a airear una atmósfera enrarecida o producir el sofoco por un olor incómodo.

¿Lo consigue Thomas McCarthy en Spotlight? Por lo pronto se ha llevado el BAFTA al mejor guión original junto con su compañero de proyecto Josh Singer.

Spotlight (2015)

 

Alguien podría afirmar que la película trata de los abusos a menores cometidos por “un puñado” de curas de Massachussets, pero no es así. Es el funcionamiento del cuarto poder lo que importa, sus mecanismos y los contratiempos que surgen en su desarrollo. El uso de los métodos inductivo y deductivo en la investigación, el código deontológico que Liev Schreiber, el nuevo jefe, hace que renazca en el equipo independiente que dirige Michael Keaton. La cinta es una magnífica guía de cómo el periodismo puede evitar el amarillismo y ser un contrapeso esencial para que un sistema democrático se mantenga lo más sano posible.

El cuarto poder, el periodismo, debe velar por la salud de nuestras democracias. Ésta podría ser la tesis compartida con Todos los hombres del presidente (1976), de Alan J. Pakula. Quizás esta última esté más centrada en el voluntarismo heroico de Robert Redford y Dustin Hoffman, pero mantiene la misma perspectiva: mostrar un periodismo esperanzador y bien intencionado (capaz de hacer caer al mismísimo presidente de los Estados Unidos).

Todos los hombres del presidente (1976)

 

Spotlight está bien hecha. Se nota la mano del Josh Singer de El ala oeste de la Casa Blanca. Y demuestra que se pueden utilizar notas graves de piano aunque no haya semidioses derrotando ellos solitos al sistema. Sin embargo, por ponerle una pega a esta gran película, me hubiese gustado ver una crítica más potente a la profesión periodística, más allá de presentar el subconsciente colectivo como la única amenaza que puede anular el ímpetu del grupo investigador.

De 1976 también es Network, de Sidney Lumet. Se llevó cuatro Oscar, como Todos los hombres del presidente. Entre ellos el de mejor guión original, al igual que Spotlight en los BAFTA. La diferencia entre las dos es… es… complementaria! Network tiene un arranque estremecedor, es el Black Mirror de la época: un presentador de informativos está tan deprimido y presionado por la pérdida de audiencia que anuncia a los telespectadores  que se pegará un tiro en directo en el siguiente programa. Todo vale cuando lo que importa son los beneficios. La cadena dicta y el periodista es exprimido hasta… bueno, tenéis que verla.

network-1

Network (1976)

 

En la misma línea argumental se mueve Nightcrawler (2014), de Dan Gilroy. La historia de un despiadado cazador de sucesos de la ciudad de Los Ángeles. La audiencia manda. La competencia salvaje justifica la destrucción del código deontológico y es capaz de alejar a una sociedad de la verdad. Las consecuencias de un amarillismo puro y duro hasta la náusea.

Nightcrawler (2014)

 

La verdad es un todo que se desvela en la lucha de contrarios. Spotlight, con interpretaciones sobrias y un buen guión, es capaz de mostrar parte de la verdad del periodismo como lo que debería ser: el cuarto poder.

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