Las chicas Bond nunca ganarán un Oscar

Léa Seydoux
Léa Seydoux en Spectre, la última película del agente especial 007

La femme fatale de Bond es como Pepi, Luci, Bom, una chica del montón. No es protagonista de la historia y no sufre la presión interpretativa de la narrativa, pero exprime su cometido hasta las últimas consecuencias: seduce y se deja seducir.
Léa Seydoux ha sido la última víctima de esta saga 007 y la única motivación que he tenido para atreverme con al menos una de la colección.

Ahora pienso reventaros con toda ligereza Spectre o al menos juzgar sin criterio a esta cinta de acción protagonizada por un caballero de ficción de gustos exquisitos: Bond, James Bond. Avisados estáis.

Cual premonición, el videoclip que da entrada a los créditos nos desvela las caracterísitcas del personaje. Por si no quedaba claro por la promo de ésta y sus versiones anteriores desde 1965, James Bond está muy bueno, muy cachas y va a por todas.

Aunque “los muertos están vivos” y vivimos nuestra primera singular aventura en México en lo que viene pareciendo una celebración de El día de los muertos, nada más sucede allí excepto que todo aquello queda destrozado incluido el corazón de la muchacha que aún lo espera en el hotel.

La inteligencia británica sabe que este comportamiento es intolerable y decide rastrear todos los movimientos de su empleado hasta las últimas consecuencias y el final de sus sábanas si es necesario. A partir de aquí todo es goce, acción y entretenimiento y algún que otro silencio sugerente donde el personaje parece hablar por encima de sus palabras.

No le pongo quejas a Daniel Craig que da la talla más allá del traje. Ni siquiera a lo inverosímil de las persecuciones provocadas por forzadas casuísticas en busca del malo malísimo, resueltas por cierto con una técnica espectacular. Sin embargo, si hay algo que no le perdono a la cinta después de haberme atrevido a romper mi voto de castidad ante este estereotipo masculino facilón es su predecible relación amorosa con la doctora Madeleine Swann.

No ya porque aburridos de tanta gresca decidan gozarse y soltar toda la adrenalina que acumulaban desde su primer encuentro sino por la manera tan trillada de ‘recuperarla’ y convencerla de que están mejor juntos que separados. Y es que desactivar la bomba del edificio donde está tu chica es a la película de Bond lo que la persecución de tu novia a la fuga camino al aeropuerto para cualquier comedieta romántica de la hora de la siesta, es decir, un topicazo sin gracia que llega a durar más de quince minutos.

En fin, me quedo con el Craig de Millennium y con la Léa de ‘La vida de Adèle‘ y con ellos en mi mente intentaré olvidar lo que ha terminado siendo una película más para machos alfa que aún requieren un manual de instrucciones.

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Acerca de: Cinefílica

Acomodadora, a veces me como las palomitas que dejáis al pasar.

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