Quatretondeta: la huérfana, el mudo y Jacques Tati.

Grata sorpresa nos llevamos ayer los espectadores del largometraje a concurso, Quatretondeta, durante su estreno en el marco de la 19 edición del Festival de Cine Español de Málaga. Fundamentalmente por un guión sólido, una buena historia contada por un director novel, aunque no sea un novato en el mundo del cine: Pol Rodríguez.

Según el propio director la obra reflexiona sobre la memoria, y no va desencaminado. La película ahonda en la memoria como diálogo interior y en la comunicación con los demás como fenómeno que posibilita nuestra comprensión de lo que pasa a nuestro alrededor: la memoria como ventana al mundo.

En este sentido, hay tres personajes fundamentales de los que resultan tres formas de comunicarse con los demás según el despertar de su memoria: Tomás (José Sacristán), Dora (Laia Marull) y José (Vicent Montva).

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A Tomás sólo le importa enterrar a su mujer en Quatretondeta, ella constituye el único recuerdo que le impulsa a actuar y a hablar. No comprende nada de lo que pasa a no ser que reestructure la realidad desde ese hecho. Un José Sacristán al más puro estilo Jacques Tati, al menos durante la cómica primera parte de la película. Luego supera al francés.

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Dora , la huérfana, viene a España a liquidar el asunto del traslado del cuerpo de su madre a París. Una madre de la que parece no querer acordarse. Sin embargo, no le quedará otro camino que hablar con una muerta aunque sea a través de sus huellas.

Por último está José y su mirada, un chaval que dejó de hablar tras perder a sus padres y que consigue abrirse al mundo a través de su comunicación con un caballo.

Las escenas cómicas se concentran en la primera parte de la película, y la parte dramática en la segunda mitad. Al unir las dos es donde aparece el único “pero” que le encuentro a la película: el ritmo se trastabilla en esa transición de la historia cuando se desliza cuesta abajo hacia el drama.

Una película de amaneceres, al menos tres conté ayer, donde ante una nueva realidad los personajes descubren sus sentimientos a través de la memoria y la comunicación.

Inconmensurable José Sacristán de principio a fin y buenas interpretaciones de Sergi López, Julián Villagrán, Laia Marull y Vicent Montva. No dudaré en volver al cine en cuanto Pol Rodríguez se anime de nuevo con la dirección.

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